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Frase de la sabiduría judía:"Más de lo que Israel cuidó al Shabat, cuidó el Shabat al pueblo de Israel”Ajad Haam."

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16/8/2013
Programa de puertas abiertas para familias interconfesionales
El fenómeno de los matrimonios mixtos se ha incrementado en forma notable en los últimos años en el mundo entero. Algunos datos que avalan esta afirmación: En los Estados Unidos para el año 1920 el porcentaje de matrimonios mixtos era tan sólo del 2% y en1980 la cifra se había elevado al 40%.
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La Argentina por supuesto que no escapa a esta tendencia. Cerca del 50% de los jóvenes judíos también se casan con no judíos (según un reciente estudio realizado por “Meida” en Capital Federal y Gran Buenos Aires) .

El mismo informe identifica variaciones interesantes en el número de matrimonios interculturales de acuerdo a las edades de los cónyuges. En el grupo de 56 a 65 años la frecuencia de matrimonios mixtos es menor al 20% y en el grupo inmediato inferior, es decir el de 46 a 55 años se produce un salto cuantitativo significativo y es casi el 30%.

Frente a esta realidad surgen interrogantes. La pregunta fundamental de seguir esta tendencia es: ¿cuál será el destino del pueblo judío?
1. Algunos temen que este incremento de matrimonios mixtos lleve a una radical transformación de lo judío.
Probablemente tengan razón, pero no podemos ignorar que vivimos en una realidad cambiante y esto determina una identidad cambiante también. El ser judío varía a través de las épocas y a través de los espacios geográficos. Qué implica ser judío hoy es un interrogante abierto, una pregunta con múltiples respuestas.

Hay un famoso relato que cuenta que por insistencia de Moshé que quiere saber qué fue de su pueblo, Dios le permite participar en una clase en la época talmúdica. Abrumado escucha el debate, del que no entiende casi palabra alguna, hasta que un alumno enfrenta al maestro y le pregunta cómo sabe lo que acaba de afirmar. El maestro le responde “ya le fue dicho a Moshé en Sinai”… Moshe se retiró satisfecho confiando en el futuro de su pueblo.

2. Otros temen su extinción.

Responder al desafío que esta época nos plantea no es lo que llevará a la extinción del pueblo judío. No enfrentar la nueva realidad si puede llevarnos a su extinción.

3. Para algunos, en cambio, quienes levantan la bandera de la integración, la mixtura es la superación del instinto tribal que aún queda de primitivo en los hombres… y por lo tanto es visto como una contribución al crisol étnico y religioso de la humanidad...
Plantear el acceder a una única cultura universal como ideal es un grave error, y un espejismo. La diversidad no es un “mal” con el que se debe convivir o al que se debe tolerar. Es un valor para sostener.
Debemos reconocer las diferencias y aceptarlas, no superarlas. En la diversidad está la riqueza. Es importante que el judío mantenga su identidad cultural, los ateos sigan sosteniendo su ateísmo, y los budistas sigan enunciando sus creencias.
Cuando las diferencias aíslan a las personas y las enfrentan colocándolas en bandos opuestos, es porque hay un trabajo por hacer que falta. Debemos aprender a convivir con las diferencias que nos obligan a crecer con mayor sabiduría, sensibilidad y madurez.

El número creciente de matrimonios mixtos ya no es un tema de creencia sino una realidad insoslayable.
Cada vez es mas difícil encontrar una familia judía que no integre en su seno algún miembro de otra confesión. La salida de la sociedad cerrada en términos sociológicos a una sociedad abierta, ha promovido encuentros que en otros momentos de nuestra historia fueron mucho menos habituales. Frente a esta realidad aparece la necesidad de encontrar respuestas. Cada colegio, institución socio deportiva, comunidad recibe regularmente consultas y se debate en cómo responder a esta realidad. Es nuestro deber de líderes y dirigentes comunitarios debatir cómo encararlo.
Las primeras preguntas que surgen son:
• Hay algo que la comunidad deba hacer frente al reconocimiento de esta realidad, o debe seguir siendo un tema íntimo de cada familia.
• Ofrecer un programa para familias interconfesionales ¿es un modo de legitimar estas uniones?
• ¿Debería ser nuestro objetivo que el programa termine con la conversión del integrante no judío de la pareja?
El número de familias interconfesionales es tal que dejó de ser un tema de cada familia, ya es un tema de toda la comunidad. No darles lugar a estas familias dentro del ámbito comunitario no puede ser la respuesta. Deberemos ayudar a las personas a encontrar, aceptar y honrar su verdad espiritual. Si en el camino de búsqueda los integrantes no judíos de las parejas encuentran al judaísmo como opción para sus vidas habremos “ganado” una familia para el pueblo judío. Si en la búsqueda encuentran que sus convicciones siguen por el camino que venía (siendo cristianismo, ateísmo, agnosticismo) habrán encontrado claridad de conceptos, profundidad en el pensamiento y seguramente también mayor respeto y conocimiento de las creencias judías.
Este camino es mejor para las parejas y finalmente también será mejor para los hijos. Es un camino más largo y más complejo pero más honesto.

Shaar una puerta a la respuesta
En Julio del 2003, un grupo de dirigentes de instituciones de nuestra comunidad junto con el Joint, deciden empezar a darle forma a un proyecto que encare el tema: Cómo responder a las necesidades de tantas familias interconfesionalmente constituidas.
Las primeras definiciones fueron:
• Las instituciones que avalan este programa afirman el valor central de la familia judía. Al mismo tiempo, reconociendo la realidad de muchas familias constituidas interculturalmente, adoptan una postura “inclusiva”

• El programa da apoyo a las parejas interconfesionales que ya están constituidas. No propicia los matrimonios mixtos.

• Brinda orientación para que puedan mantener sus vínculos con la comunidad. Que puedan ser leales tanto a sus parejas como a sus valores y creencias
Las metas del programa deberían ser:
• Generar lazos positivos con los miembros de la comunidad que han formado parejas mixtas
• Facilitar tanto a las parejas como a sus descendientes encontrar su lugar en la comunidad en la medida que lo deseen.
• Guiar a estas familias a asumir su vínculo con lo judío con el menor índice de prejuicio y resentimiento posible y el mayor conocimiento y aceptación.
• Lograr en ellos y sus familias no judías aliados para el pueblo judío.
Comenzamos a desarrollar la idea.
Pensamos en las personas: ¿Cómo los individuos forman su identidad cultural y cómo se mantiene o se desdibuja a lo largo del tiempo? ¿Cómo se perciben a si mismos en este dilema entre amor y tradición? ¿Quiénes son estos hombres y mujeres que deciden casarse con otros de otra fe? ¿Cómo concilian las relaciones con sus parejas, familias, tradiciones y herencias?
Pensamos en las parejas: ¿Cómo eligen estas parejas celebrar las bodas o los distintos momentos de pasaje en la vida? A menudo movidos por el deseo de dejar conforme a todos buscan soluciones que dejan a todos insatisfechos y confundidos. ¿Cómo eligen a la hora de optar por la orientación espiritual de sus hijos?
Pensamos en los hijos de estas uniones: ¿Cómo definen sus identidades religiosas y étnicas? Los padres muchas veces evitan enfrentar a sus hijos con las diferencias de sus bagajes mixtos, y aspiran a que ellos tomen sus propias decisiones, como si les fuera posible realizar semejante elección sin entender la particularidad de las herencias desde la más temprana infancia.
Si se identificaran con la parte judía de sus herencias ¿Cómo podrían insertarse en las instituciones judías? ¿Serían aceptados?
Pensamos en los padres cuyos hijos formaron parejas interconfesionales. Los padres están dolidos porque ven en el casamiento de sus hijos rechazo a sus valores, culpa por lo que habrán hecho mal… desean reparar y el resultado suele ser una relación tensa entre las nuevas familias y sus padres y un mayor alejamiento de las tradiciones. ¿Qué lugar debieran ocupar estos padres en relación a sus hijos, a sus familias políticas? ¿Tienen derecho a trasmitir sus valores a sus nietos?

Estas fueron algunas de las preguntas que nos planteamos, a partir de lo cual decidimos en el año 2003 ofrecer espacios de reflexión para parejas interconfesionales. En el 2004 continuamos con los talleres para parejas e inauguramos también espacios de reflexión para padres cuyos hijos constituyeron familias interconfesionales, y en el 2005 continuamos con los talleres para parejas y para padres e inauguramos talleres para hijos criados en hogares interconfesionales.

TRABAJANDO CON PAREJAS INTERCONFESIONALES
Los protagonistas principales de este proyecto son las parejas, hombres y mujeres, ávidos de encontrar espacios de inclusión en un marco de libertad y respeto
Diseñamos un programa de actividades para trabajar con las parejas, que se ajusta al perfil del grupo que se constituye, pero aproximadamente el esqueleto de los encuentros sigue la lógica evolutiva: primero nos dedicamos a la identidad cultural de los individuos, después de las parejas, por último de los hijos.
Cada módulo del programa nos fue enseñando cosas acerca de los desafíos que estas personas enfrentan y también nos ayudó a formular algunas de las preguntas que los inquietan: ¿Qué ocurre con las lealtades? ¿Qué ocurre con la voz de las tradiciones? ¿Cómo combinar las herencias sin diluir las peculiaridades? ¿Cómo re-pensar la asociación: conocido igual familiar y ajeno igual a peligroso? ¿Qué pasa con el prejuicio?
1. “AIEKA” Génesis 3:9- ¿DÓNDE ESTÁS?
Los primeros encuentros los dedicamos a trabajar sobre la identidad cultural/religiosa de cada participante en su trayecto personal. Lo más probable es que desde el Bar Mitzva los judíos, y desde la Comunión los cristianos, no hayan vuelto a pensar acerca de sus raíces culturales o religiosas. Por ese motivo es que dedicamos varios encuentros a revisar cómo cada uno responde a la mítica pregunta que Dios le hace al primer hombre, y desde entonces a cada uno de los hombres: ¿dónde estás? Dónde esta parado cada uno en relación a sus herencias culturales. Qué cuestiones le siguen resultando valiosas ahora como adulto, y cuáles ya no vive como propias. Así podrán entender qué elementos de la cultura están dispuestos a negociar y cuáles no. Es también una oportunidad para revisar prejuicios y estereotipos tanto en relación a la propia cultura como en relación a la cultura de la pareja.
La expresión: “los judíos son muy cerrados” aparece con frecuencia como estereotipo, que alude a la dificultad de los judíos para integrarse a las tradiciones católicas, a diferencia del cristiano a quien no se le plantean mayores problemas. El Rev. Ronald Osborne (capellán en la universidad de Iowa) explica esto como expresión de la asimetría que hay entre el judaísmo y el cristianismo, tanto en el plano teológico como en el plano de lo cultural

Judaísmo y cristianismo viven e interactúan asimétricamente.
Este hecho es opacado por la mirada del pluralismo religioso americano que intenta ver todo como variaciones de un mismo tema religioso. Yo sugiero que esta asimetría es la base de muchas de las dificultades que tiene una pareja mixta cuando se casa.
La dimensión teológica de tal asimetría puede verse por ejemplo en el modo de rezar. Cuando judíos y cristianos rezan no hay casi nada que puedan compartir. En realidad el cristiano puede aceptar todo lo que se reza en una sinagoga, también en rituales familiares en el hogar, y aún en las altas fiestas. Puede haber barreras culturales, pero teológicamente no hay nada en lo judío que pueda ofender a un cristiano. El cristiano podría incluir muchas mas cosas en sus rezos, pero con lo que el judío incluye no tiene teológicamente problemas.
Lo inverso no es así. Lo cristiano no es igualmente accesible para un judío.
Cuándo judíos rezan con cristianos casi nada es accesible, casi todo es problemático .

Las parejas suponen que cristianismo y judaísmo son equivalentes en tanto religiones. El cristianismo lo es, y así fue desde su nacimiento. El judaísmo en cambio es una cultura, que a semejanza de las identidades nacionales implica un idioma, comidas, música, danzas folklóricas, etc. y también una religión. Para ambos, tanto para el integrante judío de la pareja como para el no judío resulta muy aclaratorio entender lo judío como una familia a la que se pertenece, más que como una religión. El rabino Harold Kushner lo plantea así:
“Permítaseme una metáfora algo forzada. Ser judío es como formar parte de una familia. Aunque no compartan ideas y gustos todos se sienten unidos por vínculos de parentesco. Por eso muchos judíos pueden identificarse orgullosamente con el ser judío aunque no hayan meditado con seriedad sobre Dios o no hayan rezado o asistido a un rito religioso nunca. En el judaísmo pertenecer es más importante que creer. [4]
La población judía que asistió a los talleres tenía distintos grados de conciencia respecto de su identidad, distintos niveles de educación y práctica religiosa, pero en todos los casos, el común denominador fue un reencuentro intenso con sus raíces y un deseo de recuperar historias olvidadas. Hay sentimientos que están dormidos, y son invisibles hasta que algo los dispara. El sentimiento de lealtad a un pasado, de pertenencia a una comunidad es uno de ellos que se iluminan especialmente en los momentos de pasaje del ciclo de vida (nacimiento, casamiento, pubertad, muerte o enfermedad
Fabián, por ejemplo, es un joven cuyo último recuerdo de alguna vivencia judía lo ubica a sus 9 años, edad que tenía cuando falleció su abuelo. En vida de este abuelo solían reunirse para una ocasión que luego dedujo sería Pesaj. Cuando conoció a Lore, ahora su mujer, no encontró objeción para que ella educara a sus hijos en el catolicismo, cuestión que para ella era condición para casarse. Tienen 2 hijas. La primera fue bautizada. Para el momento en que la segunda debía ser bautizada, él ya no estaba tranquilo con la idea. La hija mayor tiene 2 años, y empieza a hacerle preguntas. Al sentir que no sabe qué responder, siente que desea recuperar sus raíces. La difícil tarea de Shaar consistió en acompañarlos en la aceptación de este cambio. Los compromisos asumidos con su pareja antes del nacimiento de los hijos pueden reformularse: “yo no soy el mismo que era cuando me case… uno va creciendo y tiene el derecho de ir reformulando los compromisos asumidos…
Fabián pide orientación. Cómo encontrar el camino de regreso… Quiere saber cómo hablar con sus hijas sin que implique enloquecerlas ni tironearlas. Cómo congeniar con su esposa.
Para un católico creyente es muy difícil pensar en sus hijos como ateos. La hipótesis que fue surgiendo del trabajo, es que no importa cuán “religioso” sea un judío siempre será visto como no religioso por el católico. Lo que designa la palabra religioso es tan ajeno al judaísmo que el judío en comparación siempre queda ubicado del lado del agnóstico. Las parejas ven como lógico que sea el integrante creyente, el católico, quien se ocupe de la transmisión religiosa…error generado por la mala comprensión del término.
Así ocurrió con Diego. A partir del taller, pudo acercarse más a su padre. Habló con él acerca de las creencias, algo que hasta ese momento nunca había hecho. Reconfirmó su identidad y descubrió qué aspectos de la religión cristiana se transforman en rasgos culturales que él no podría aceptar (culpa, confesión, imágenes). Al principio su discurso era “si yo no soy religioso y ella si, es razonable que ella le enseñe religión a nuestros hijos” Entendió que la religión se traduce también en conductas culturales y que no le daba lo mismo…

Las personas pueden adoptar una postura indiferente o crítica en relación a su propia cultura de origen, pero aún así es el terreno en donde se sienten cómodos. El encuentro con la cultura de su pareja puede generar resistencia. En los talleres trabajamos intentando reconocer el origen de esa resistencia. Muchas veces se trata del encuentro con lo ajeno. En ese caso será sencillo de resolver. Lo ajeno se torna en familiar solo con el paso del tiempo y la convivencia.
Un conocido relato cuenta acerca de un hombre caminando por un bosque al anochecer. De lejos ve una figura acercándose. Parece un monstruo gigante. A medida que se va acercando va cambiando su percepción. Pasa por creer que es una inmensa fiera salvaje, tal vez no tan inmensa… finalmente cuando se acerca ve que es su hermano.

A veces la resistencia esta enraizada en algún prejuicio, que es conveniente identificar y superar, en relación a la cultura del otro.
Pero a veces la resistencia se origina en ciertos umbrales que es bueno descubrir y respetar. Modificarlos sería intentar modificar algo esencial de los principios o creencias de la persona.
2. “SOMOS MUCHO MAS QUE DOS” M. Benedetti
En el segundo módulo nos dedicamos a revisar cómo la pareja encara su identidad cultural y cómo están funcionando en relación al tema de la interculturali.
A veces las parejas chocan por diferencias, sin percibir que el origen de las mismas se debe a la lente cultural con la que cada uno mira al mundo.
Una primera cuestión a abordar es la necesidad de identificar las diferencias, si no el riesgo es que lo intercultural/ confesional se transforme en el terreno perfecto en el que se desplieguen otros conflictos.
Reconocer y aceptar que hay diferencias y encontrar el origen cultural de las mismas en el caso que así sea, resulta muy enriquecedor para las parejas.
El impulso es evitar las diferencias por temor a que enfrentarlas sea muy doloroso y riesgoso, sin embargo hay que confrontar con honestidad las diferencias de origen y de puntos de vista. Evitar enfrentar los temas es más riesgoso que enfrentarlos. Esto es así en toda pareja. En estas mas porque los temas en juego son muchos y centrales.
Manuel es católico practicante, Marta, su esposa, comprometida con el judaísmo. Tienen un hijo adolescente. Manuel entendía al judaísmo como religión, pero no podía entender qué es el judaísmo como cultura y cual es la fuerza de pertenecer y mantener las tradiciones para un no practicante. En un encuentro preguntó a un participante judío del grupo:” ¿con quién tenés más en común con un judío de “Mea Shearim o conmigo?”Su intento era licuar las diferencias. La respuesta que recibió fue: “con vos tengo sin duda mucho en común, pero con el judío de Mea Shearim tengo muchas otras cosas que me unen” Él logró entender y delinear su propia identidad cultural.
La motivación para participar del taller partió de Marta, que se encuentra “desilusionada” por las elecciones que han ido tomando. Planteó dolorosamente que la experiencia interconfesional le resultó muchísimo más difícil de lo que se imaginó. El taller desnudó especialmente para ella, la situación de conflicto que le genera en esta etapa de su vida esta pareja. .

Uno de los riesgos en la relación que identificamos escuchando a las parejas, es percibir que para ser justos con los sentimientos de ambos deben equilibrar los ingredientes que incorporan de cada cultura. Sería plantear la relación al estilo de una balanza donde cada movimiento está regido por la medida.

Paula y Néstor, que aún no se casaron, están pensando en cómo sería la orientación religiosa de sus hijos. Ella, maestra catequista, decía poder pensar a sus hijos educados en el judaísmo pero si iban a usar kipá, entonces que por lo menos pudieran acompañarla a la Iglesia y persignarse.
Desarrollar mejores habilidades de comunicación es deseable en toda pareja. Dificultades de comunicación como mal entendidos, sobre entendidos, sobre significación adquieren en las parejas interconfesionales una atención especial.
Hay ciertos vicios de comunicación que profundizan los malentendidos, por ejemplo:

Asumir que nos entendemos es decir que la pareja percibe mágicamente nuestros motivos, creencias y valores.
O Asumir que entender equivale aceptar es decir que entender implica inmediatamente un cambio de actitud.
Darse cuenta de las diferencias es un primer paso pero lograr encontrar el puente que nos acerque implica otro trabajo .
Kelo y Lía plantearon dos situaciones claramente ejemplificadoras de esta cuestión. Esta pareja decidió llevar una vida judía.
Primera situación: Lía le canta a su pequeña hija “hico hico caballito vamos a Belén” y Kelo reacciona molesto diciendo “esto no es funcional a nuestro objetivo”.

Segunda situación: Lía dice que se enteró que Kelo inscribió a los chicos sólo con el apellido de él, y se siente traicionada, porque él no hace nada sin consultarla. No le resulta ingenuo y está conmovida y con bronca. La reflexión les permitió entender que pese a que la decisión de llevar una vida judía como familia parecía claramente tomada, necesitaban profundizar el diálogo y clarificar el lugar que el origen, pasado y herencia de Lía tendrían en relación a los hijos.

Tener claro cuál es la religión/cultura de cada uno, de qué se tratan las tradiciones de cada herencia es casi una condición sine qua non para las parejas interconfesionales por lo tanto la propuesta de estudiar juntos les permitirá encontrar el terreno común.
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