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Historias de Víctimas, a 18 años del atentado |
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Mirta Strier vivía con sus tres hijos adolescentes. Hacía cinco años que su marido la había dejado. Cuando Mirta murió en el atentado a la AMIA fue Alicia -su ex suegra- quien se hizo cargo de los chicos. |
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En su casa de Banfield, la abuela puso reglas claras: había que sacarse los piojos y bañarse todos los días. Pacientemente, Alicia combatió las mañas de Matías para comer. Y se siente satisfecha con los logros: hasta le agregó fruta a su acotada dieta.
La abuela habilitaba profesores particulares para salvar las cursadas, pero los nietos tenían que esforzarse para mejorar en la escuela. Entonces, llegaba el pantalón de jean con sello Levi’s que ellos esperaban "Yo trabajaba y ganaba bien. Tenía la plata para gastarla."
Los cuatro compartieron semanas de veraneo en la ciudad costera de Santa Teresita. Sobre el aparador del living, también se despliegan fotos de esos veranos.
"Como estudiaba y trabajaba, llegaba a la casa de mi abuela después de las once de la noche, muy agotado. Ella me esperaba para calentarme la comida. Y yo no tenía ganas de hablar. Mi abuela me prendía la tele para que me relajara. Yo miraba la tele y ella me miraba a mí", cuenta Gastón.
"Cuando se murió mi mamá yo no tenía con quién discutir, a quién gritarle. Mi papá no estaba. Mi abuela es una persona muy buena; pero lo que tiene de buena lo tiene de callada. No es una persona muy demostrativa con palabras. Demuestra con actos."
Cuando Gastón se preparaba para el viaje de egresados del secundario rumbo a San Carlos de Bariloche, Alicia tenía 71 años. En su propia adolescencia ella jamás había tenido charlas alusivas al sexo. Pero no se anduvo con vueltas. Se acercó sigilosa a Gastón -que preparaba su bolso- y preguntó: "¿Llevás protección?".
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