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26/12/2011
Januká: La tradición, la explicación y el análisis
Januká celebra la victoriosa epopeya del pueblo judío contra el más grande imperio de su época, el griego, que impurificó nuestro Gran Templo en Jerusalem e intentó imponer su cultura por sobre la cosmovisión judía basada en una rigurosa ética sostenida por las mitzvot.
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Cualquiera que haya encendido alguna vez las velas de Januká sabe que, tal como ocurre con tantas otras cosas, la práctica moderna sigue lo establecido por Beit Hilel (la escuela o los discípulos de Rabi Hilel). Cada noche agregamos una vela más a nuestra janukiá (la menorá de Januká), de modo tal que la octava noche, la janukiá brilla intensamente, con todas las velas encendidas. Aun así, el Talmud registra ambas partes de esta majloket (discusión) para recordarnos, quizás, que en esta festividad de la libertad, para adorar a nuestro D’s debemos honrar esa libertad respetando las opiniones diferentes.

Preservar opiniones que difieren también nos da la oportunidad de analizar el razonamiento detrás de cada opinión, tal como lo hacen las explicaciones de Rabi Iosi bar Abín y Rabi Iosi bar Zebidá que aparecen más arriba. Por supuesto, existen muchas otras posibilidades, que nos permiten comprender mejor nuestra propia vida y la celebración de las festividades. Shprintzee Herskovits escribió: “Hilel y Shamai consideraban que el encendido de las velas de Januká reflejaba cómo nos sentimos en relación con la festividad de Januká Ambos staban de acuerdo en que debemos tener un entusiasmo cada vez mayor a medida que transcurre Januká.

Sin embargo, Shamai decía que en realidad, en la mayoría de las personas el entusiasmo no aumenta a medida que pasan los días de Januká. En general, el entusiasmo disminuye cuando nos vamos acostumbrando a algo. Januká no es la excepción: el entusiasmo disminuye con el paso de cada día porque nos acostumbramos cada vez más. Por lo tanto, Shamai sostenía que el encendido de las velas debe reflejar la realidad de cómo nos sentimos, y por ello, debemos encender ocho velas el primer día de Januká(cuando nuestro entusiasmo es mayor), y luego disminuir gradualmente el número de velas para que reflejen nuestro menor entusiasmo. Por otra parte, Hilel decía que debemos encender las velas para que reflejen cómo DEBEMOS sentirnos. Dado que se supone que nuestro entusiasmo aumenta a medida que transcurre Januká debemos empezar encendiendo una vela y luego aumentar la cantidad de velas hasta tener ocho, el pico de nuestro entusiasmo”.

Steven Schwartzberg sugiere: “Tenemos a Shamai, que ve Januká como algo dado: algo de nuestro pasado que conmemoramos y celebramos como cualquier otra festividad; y tenemos a Hilel, que ve Januká como un nuevo milagro cada año, en el que constantemente tratamos de mejorar. […] Y creo que este es el mensaje que une a todos los judíos en Januká, ya sea que nos demos cuenta de ello conscientemente o no. Al encender las velas del modo que lo hacemos, con una luz nueva cada noche, estamos reconociendo que más allá de quién somos como individuos o comunidad, necesitamos crecer y continuar nuestra lucha para ser mejores en muchos niveles”.
Como educadores, nosotros también debemos analizar los motivos de las decisiones opuestas de Hilel y Shamai.

¿Qué podría significar para nuestra celebración personal de Januká imaginar que la razón por la cual encender las ocho velas la primera noche de Januká e ir disminuyendo la cantidad de velas cada noche es una idea válida (tal como lo pensó Shamai)? ¿De qué manera se enriquece nuestra celebración cuando analizamos el tema y hallamos nuestra propia explicación de por qué respetamos lo establecido por Hilel? Asimismo, debemos brindar a nuestros alumnos las herramientas necesarias para que puedan ser parte del debate. Los niños de tres, cuatro y cinco años ciertamente pueden considerar la pregunta: “¿Por qué encendemos una vela más cada noche de Januká”. Es tarea de todo educador de la primera infancia con un nivel de excelencia llevar a los niños más allá de la respuesta esperada: “Porque en Januká hay más de un día”. Cuando a los niños se les plantea una pregunta real, van a dar respuestas reales, que a menudo son tan sabias y sorprendentes como las de los rabis.

Hilel basa su opinión en el principio según el cual “cuando se trata de lo sagrado, siempre se debe aumentar”. Como educadores de la primera infancia, tenemos la oportunidad sin igual de llegar a conocer muy bien a las familias de nuestros alumnos. Las velas de Januká pueden servirnos de ayuda para ver cómo aumentar el nivel de santidad a lo largo de nuestra vida. Asimismo, podemos aprovechar breves momentos antes y durante Januká con las familias de nuestros alumnos para ayudarlos también a ellos a apreciar las oportunidades de una mayor santidad con cada vela que se agrega. Podemos darles a las familias lecturas o relatos inspiradores, las letras de las canciones que cantan los niños en la escuela, o pequeños y sencillos materiales de estudio para compartir a la hora de encender las velas. Quizás apuntando a un cambio mayor, podemos recordarles a los padres que el período durante el cual las velas permanecen encendidas es un tiempo sagrado, un momento para jugar al dreidl u otros juegos, cantar, leer libros, comer cosas ricas o simplemente estar juntos (pero no para cocinar o lavar los platos, ni hacer tareas en la casa, ni ponerse a bañar a los niños).

Las festividades judías van de un atardecer al otro, es decir, comienzan en el ocaso del día anterior al día de la festividad en sí. En el programa de educación para la primera infancia, nos enfrentamos con nuestra propia majloket (discusión) sobre las velas de Januká. En el aula, ¿encendemos las velas de acuerdo con el día que es o encendemos la cantidad de velas que los niños deberán encender esa noche en su casa? Cualquiera de las dos posturas tiene su fundamento: la primera porque respeta la Halajá (ley judía); la segunda porque le shem jinuj (en nombre de la educación), prepara a los niños para la celebración en familia de Januká esa noche. De cualquier modo, recomendamos participar de esta majloket como parte del personal de su institución y acordar una práctica que se aplique a toda la escuela y que los docentes puedan explicar a los padres.

Las luces de Januká transmiten un mensaje durante todo el año. Cada festividad judía comienza con el encendido de velas. “Encender una vela en la oscuridad es el símbolo humano más elemental de la esperanza. Cuando encendemos velas [en Shabat o en una festividad], recreamos el inicio de la creación de D’s: ‘Haya luz’. También brindamos calor –físico y emocional– a nuestro hogar.” Encender velas distingue un día, separa lo prosaico de lo sagrado, lo sagrado de lo prosaico. Cada vez que encendemos velas, se nos recuerda que debemos tomarnos un momento para reflexionar: ¿Qué está terminando? ¿Qué está empezando? ¿Qué llevo conmigo del momento prosaico al momento sagrado? ¿Qué restos del tiempo sagrado puedo traer conmigo para que me sirvan de sustento en los momentos prosaicos? Cada noche, al encender las velas de Januká, podemos preguntarnos: ¿Qué fue sagrado de este día festivo que pasó? ¿Qué me llevo conmigo de este día para el próximo? ¿Qué dejo atrás intencionalmente? Podemos hacerles las mismas preguntas a nuestros alumnos a medida que encendemos las velas en el aula. ¿Qué hubo de maravilloso ayer que nos gustaría recordar, repetir o desarrollar? ¿De qué modo podemos garantizar que cada vela que se agrega encienda en nosotros el entusiasmo que “debemos” sentir?

Incluso más allá de las velas, la luz está siempre presente en nuestra experiencia como judíos. En Isaías 49:6, D’s dice: “pues Yo te pondré [a ti Israel] por luz de las naciones”, para que la salvación de D’s llegue a los confines de la tierra. Nosotros, como comunidad, tenemos la capacidad de traer luz, esperanza, a todos los pueblos del mundo. Siempre se nos recuerda que debemos ser la mejor persona que sepamos ser, que debemos tender una mano a los demás, ser una luz. Cuando entramos en una sinagoga, encontramos la Ner Tamid (Luz Eterna) sobre el Arón haKodesh (Arca Sagrada). Esta luz, que nunca se extingue, brilla como símbolo de la eterna e inminente Presencia de D’s en nuestra comunidad y en nuestra vida. Somos creados be tzelem elohim, a imagen de D’s. Así como D’s está representado por la luz de la Ner Tamid, se nos recuerda, a cada uno de nosotros, que debemos ser una luz. Cuando mi mamá murió, hace más de cinco años, mi amiga Elisa escribió que mi madre era una luz para todos a su alrededor, una luz tan fuerte como la de la Ner Tamid. Ahora, cada vez que estoy frente al Arón haKodesh, la luz de la Ner Tamid no solo me recuerda la presencia de D’s en mi vida, sino también la luz que mi madre dio al mundo. Su recuerdo me fortalece, y me siento obligada a luchar siempre para ser una luz, y así honrar su memoria.

Cada vez que encendemos una vela, tenemos el potencial de encender la luz que tenemos la capacidad de ser. “Cada uno debe saber y entender que dentro nuestro arde una vela y que no hay vela idéntica a otra y que no hay ser humano sin una vela. Por eso, todos deben saber y entender que tenemos la obligación de trabajar duramente para revelar la luz de nuestra vela en el terreno público para el beneficio de muchos. Necesitamos encender nuestra vela y hacer de ella una gran antorcha que ilumine a todo el mundo”.

Cuando los maestros de la primera infancia puedan ver la vela en cada niño, y puedan ayudarlo a hacer de su vela una gran antorcha, entonces, el mundo sí estará iluminado.


Fuente: Madrichim.org
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