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18/3/2012
Los buenos samaritanos
De las doce tribus nos cuentan que diez se perdieron. Pero si leemos bien el Tanaj nos damos cuenta que Simeón y media tribu de Benjamín se asimilaron a Judá. Están también los descendientes de Levi, sean solo Levitas o Cohanim. De diez perdidas, ya solo nos faltan ocho por identificar. Nuestra apasionante historia y leyendas nos llevan a querer encontrarlas entre Falashas, o judíos de la montaña en Georgia y Azerbaiyán, entre los judíos kurdos, los Bene Menashe o Bene Israel en India y Burma y tantos otros grupos marginales. Por Jack Goldstein
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Pero en realidad solo hay perdidas seis porque aun hoy viven entre nosotros un grupo de unas 750 personas que pertenecen mayoritariamente a las tribus de Menashe y Efraím, descendientes directos por vía paterna de José, el mismo de la manta multicolor y quien descifró los sueños del Faraón en Génesis. Hasta hace 40 anos también existía una familia descendiente de la otra mitad de la tribu de Benjamín. Y claro, entre ellos también hay Cohanim, de la tribu de Levi, descendientes de aquellos Cohanim cismáticos cuando Eli el sacerdote montó tienda aparte en Bet El. Me refiero a los Samaritanos quienes hoy viven en dos comunidades de igual tamaño: La de Holón que data de hace unos 80años, donde todos son ciudadanos israelíes y aceptados como judíos bajo la Ley de Retorno. Y está la de Kiriat Luza en las afueras de Nablus donde vivían por milenios y de donde tuvieron que emigrar recientemente por físico miedo a la violencia palestina. Ahí viven bajo protección israelí, administración palestina y como ciudadanos israelíes de religión “judía samaritana” cobijados bajo la misma Ley de Retorno, pero también gozando de ciudadanía palestina y jordana y teniendo participación en el Parlamento Palestino. ¿Confuso? Apasionante.
¿Los Samaritanos son judíos? No porque no descienden de Judá ni aceptan nuestra Tora. Además, no creen en el Tanaj ni mucho menos en el Talmud. Solo creen en la Torah, su Torah, una Torah casi idéntica a la nuestra salvo por casi 7.000 leves diferencias, la mayoría consistente en una letra o par conceptos repetidos. Diferencias leves salvo unas pocas fundamentales. Ellos consideran que la bendición de la primogenitura siguió la línea de José y por ende recayó en Menashe y Efraím. Creen que el monte de la Bendición es Gerizim y no Ebal y por ende fue ahí donde construyeron su Altar y donde según su leyenda se esconde aun hoy los Urim y Tumim, el Arca de la Ley con toda su parafernalia y las doce piedras con que Josué marco su entrada a la Tierra Prometida. Para ellos, el centro del mundo está ahí, en Gerizim, sobre cuyas faldas se edifico el Shejem bíblico, donde según ellos Abraham iba a sacarificar a Isaac. Creen que Jerusalem es anatema como lo son todos los profetas del Tanaj. Argumentan que nuestros Diez Mandamientos son en realidad nueve porque “Yo Soy” no es mandamiento sino una simple afirmación Divina. Para ellos, el verdadero décimo Mandamiento fue eliminado de nuestra versión y es el de construir un Altar en Gerizim. David y los Jasmoneos son sus declarados enemigos.
Los samaritanos siguen el concepto bíblico de las etapas de Fanuta o la época en que Dios estaría presente ante nosotros como lo estuvo hasta antes de llegar a la Tierra Prometida, y la subsiguiente época de Rahuta que comienza al final de Deuteronomio cuando Dios se frustra con nosotros y promete no volver a manifestarse ante nosotros hasta que llegue su tiempo, con su mesías o Taheb. Los samaritanos se llaman a sí mismos israelitas, hablan hebreo antiguo y lo escriben en ese tipo de caracteres y no en los nuestros de origen babilónico. Los llamamos Shomronim haciendo referencia a Shomron (Samaria), pero ellos dicen que el término se deriva de “Shomrei Haemet”, los Guardianes de la Verdad. Para ellos, somos nosotros los cismáticos, quienes adulteramos la Torah, quienes seguimos a unos profetas que decían hablar a nombre de Dios en épocas en que Dios dijo taxativamente que no hablaría con nosotros, quienes construimos todo un Templo y no un sencillo Altar, además de edificarlo en el lugar equivocado. Según ellos, por eso es que huimos desterrados de la Tierra Prometida, somos quienes les quitamos el rango a los Levitas y Cohanim, y en últimas somos quienes nos inventamos una retahíla de halajot heréticas.
Los samaritanos siguen únicamente las festividades de la Torah (sólo ayunan en Kipur y lo hacen todos ajeno a su edad; no celebran Tu Bishvat, ni Januka ni Purim). Como no viven en la diáspora, sus fiestas son de un solo día, cumplen estrictamente con el Kashrut y lo hacen igual que nosotros solo que no comen de nuestra shejitá porque nosotros no ofrendamos la pata delantera del animal sacrificado al Cohen Gadol. Ellos si tienen un Cohen Gadol que hereda su título tal cual lo prescribe la Torah y orgullosamente muestran un linaje de más de 160 generaciones que los llevan hasta Aarón. Heredan la religión por vía patrilineal como lo hacíamos otrora. Su año comienza el 1 de Nissan como debiera ser y el 1 de Tishrei solo conmemoran Iom Teruah, tal cual nos dicta la Torah.
Aun hoy, en Pesaj sacrifican el cordero pascual, se reúnen en familia y comen rápido porque rápido tuvimos que salir de Egipto. No tienen Hagadá ni hacen cenas largas. Los años no los cuentan desde la creación de Adán sino desde la entrada de las tribus a la Tierra Prometida, evento que argumentan tuvo lugar hace unos 3.650 años y no los 3.350 que reporta nuestra versión de los hechos. Sus shabatot son más lúgubres, al estilo tradicional karaíta. No tiene Bar-Mitzvot, no tienen tefilin, sus talitot y tsitsit son bien diferentes, las mezuzot no son pergaminos sino están escritas o talladas a la vista encima de los portones de las casas y hacen alusión a cualquier mitzvah de la Torah. La Estrella de David la asocian con David el malo; para ellos no hay nada más representativo que la Menorah de brazos redondeados como la de la Kneset. Siguen haciendo tres peregrinaciones anuales a Gerizim y ofrecen el diezmo a sus Cohanim. Las hierbas que usan en Sukot son las prescritas en la Torah y no las que usamos nosotros hoy, sus Sukot las hacen de la manera más colorida y espectacular pero dentro de la sala de sus casas a escondidas resultado de años de persecución por parte de bizantinos y musulmanes (y evidencia de que también han sabido interpretar y adaptar su Ley a las circunstancias). Hoy, el gran debate en su comunidad está en determinar si es permitido o no mantener conectado un aire acondicionado durante Shabat.
Como nosotros, reemplazaron los sacrificios por rezos (pero los dos de la Torah y no los tres que tenemos) y eventualmente aprendieron a encender velas en Shabat y a creer en la Resurrección. Al ser tan pocos hoy en día, aceptaron recientemente casarse con goyot pero no con goyim. Su absoluta fidelidad a la Tierra Prometida hizo que no salieran a exilios en los últimos 2.500 años lo que les ha costado haber sido fácilmente diezmados o forzados a convertirse. Tienen un archivo de más de 1.000 melodías (para mi gusto bastante monótonas y repetitivas) pero que sin duda manifiestan un origen musical muy antiguo. No tienen ningún código legal estilo el Talmud y apenas desarrollaron una incipiente legislación casuística y analítica lo que los hizo más fieles a su Torah pero más anacrónicos y anquilosados. Su historia no es ni remotamente tan documentada como la nuestra pero pueden acudir a evidencias propias y ajenas que cubren los últimos 2.700 años sea en textos o restos arqueológicos.
A los samaritanos los identificamos en nuestro Tanaj como aquellos remanentes del reino del norte quienes se asimilaron durante la época de la diáspora Asiria, quienes vivían y adoraban en zonas donde existieron múltiples altares a nuestro Dios, quienes nos “zapearon” ante los Persas cuando nos pusimos a construir una muralla defensiva alrededor de Jerusalem. Eran tan malos y heréticos para nosotros que hasta el mismo Jesús así los consideraba y se sorprendía al encontrar tan solo uno que fuera “bueno”. Alguna vez fueron un pueblo numeroso.
Sus registros hablan de haber sido más de un millón antes de que Bizancio los comenzara a exterminar. Hace cien años eran sólo 150 personas y hoy argumentan que buena parte de la población palestina es descendiente tanto de judíos como de samaritanos que fueron obligados a convertirse durante siglos de dominación islámica. Los pocos que quedaron son muy apegados a su tradición. Irónicamente, fue en el sionismo donde encontraron su salvación y la revitalización de su pueblo. Su población se ha quintuplicado pero siguen siendo muy pocos y por ende tanto judíos como palestinos se permiten protegerlos y buscan su amistad. Para quienes vivían en Holón, la guerra de los Seis Días fue casi profética en la medida que les permitió retornar a hacer su sacrificio pascual al monte Gerizim. Son a su manera “sionistas” decididos pero manejan una línea diplomática entre israelíes-judíos y palestinos-musulmanes. Su endogamia les ha generado un alto número de personas con problemas congénitos pero su nueva Halajá permitiendo la conversión de mujeres les ha oxigenado su sangre y multiplicado sus números. Su historia nos llena de lecciones y cuestionamientos.
Nos puede hacer reflexionar sobre el justo balance entre ley, patriotismo y practicidad ante la adversidad; sobre los extraños beneficios que puede traer la diáspora y lo importantísimo que puede ser la mentalidad talmúdica incluso para aquellos que no le quieren aceptar autoría Divina.
La existencia hoy de samaritanos nos lleva a reflexionar sobre nuestra historia como pueblo de Israel descendientes de la tribu de Judá exclusivamente, o como pueblo de Israel siendo una de 12 tribus, aceptando, discutiendo y analizando el curso que tomaron otras tribus y quienes se sienten fieles al mismo Dios y su Ley. En el proceso, nos invitan a reevaluar nuestro folklore y leyendas. Leer su Torah y ver la historia (nuestra historia) desde sus ojos son ejercicios que recomiendo inmensamente. Sus tradiciones, música, idioma y escritura son una inmejorable ventana a nuestro pasado. Quizás el presente de ellos es más fiel al mundo del pueblo de Israel de hace 2.500 o 3.000 años de lo que es hoy el nuestro. La forma en que como judíos o israelíes tratemos a esta minoría nos debe hacer reflexionar sobre la forma en que otros pueblos nos trataron en su momento y vice-versa. Son descendientes de Efraím y Menashe así sea por línea paterna, celosos de su condición de Pueblo Elegido y constituyen otro apasionante apéndice de nuestra historia.
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