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Tzipi Livni y un acelerado sprint final |
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Sus estudios en Francia, su trabajo en el servicio de inteligencia Mossad, su vuelta a Israel y a la política. Y su largo y acelerado camino hasta ganar las elecciones.
Por Pablo Gowezniansky Radio Jai |
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La vida de Tzipi Livni tiene todos los condimentos necesarios para hacer una película. Sus primeros años estuvieron marcados por el ejército y unas aficiones, en principio, llamativas: básquet, rock y tocar la batería fueron los lineamientos que siguió cuando aún era muy joven. Y cuando aún era muy joven comenzó a estudiar la carrera de Derecho. Y cuando aún era muy joven (quizás con ese placer juvenil de verse protagonista de su propia película) Tzipi ingresó en el servicio de inteligencia Mossad, a la par que continuaba sus estudios en la siempre joven y siempre rebelde ciudad de París. Y también joven y también rebelde, Tzipi encarrilló sus necesidades políticas a favor de la derecha Israelí.
Entonces, luego de tres años de servicio en el Mossad, mientras corría el año ‘83 decidió congelar la película y darse un descanso. Terminó la carrera, se casó, y anduvo por los caminos pacíficos de la vida hogareña y profesional: su trabajo, claro está, en un bufete de abogados. Trece años de aparente descanso y Tzipi Livni estaba preparada, allá por el año ’96, para dirigir toda su energía a la vida política.
Y aquella niña que naciera un 5 de julio de 1958 en Tel Aviv, siendo una pequeña bebé inofensiva y tierna, se transformó, tras las vueltas del destino, en una mujer fuerte y decidida, de convicciones políticas firmes y centradas. Y su tradición familiar la colocó en el Likud, aquel partido que, catorce años más tarde, habría de enfrentar (ya por el 2009, hace escasas horas) en unas elecciones tremendamente ajustadas. Pero Livni todavía era joven y ambiciosa, y recién comenzaba a dar sus primeros pasos. Así que mejor sería no adelantarnos.
En 1996, por muy escaso margen, Livni no logró ingresar al Parlamento. Pero en 1999, pese a una elección poco favorable para el Likud (y podría decirse, casi por lo pelos), consiguió ese ansiado puesto en el Parlamento. Su rol, entonces, era el de oposición al Partido gobernante, el de Ehud Barak.
En la Knesset, integró los comités de Justicia y Asuntos Legales y Constitucionales, y de Promoción del Estatus de la mujer. Pero esta mujer iba por mucho más que eso. Y así fue. En el gobierno de Sharón ocupó un puesto ministerial de Cooperación Regional. Y poco más tarde pasó a encargarse del portafolio de Agricultura y Desarrollo Rural.
La película de su vida (quizá sin ser del todo conciente) avanzaba prósperamente y a pasos agigantados. Y a partir de entonces, el sprint final. En el 2004 Livni pasó a ser ministra de Vivienda y Construcción. Y escasos meses después consiguió el tan ansiado Ministerio de Justicia. Y esa chica joven, ingenua, que tocaba la batería y escuchaba rock y miraba a la gente importante pasar, se había convertido, a su vez, en alguien importante. Y muy.
En 2005 Ariel Sharón decidió abandonar el derechista Likud y formar su propio partido: el Kadima. Desde entonces y hasta ahora, ese fue el partido del que formó parte Tzipi Livni. Y siempre (tal es la traducción de la palabra Kadima), Tzipi fue hacia delante. Avanzando posiciones hasta alcanzar -tras el lamentable coma de Ariel Sharón, y tras unos enrevesados problemas de corrupción en el gobierno de Ehud Olmert- el primer puesto en la lista del partido. Y ahora, tras haber ganado las elecciones, esta mujer centrada y centrista (tal es su posición política) vuelve a enfrentarse a la necesidad de formar un gobierno. Vuelve, claro está, porque a finales del año pasado ya tuvo la posibilidad pero fracasó en el intento.
El futuro de Israel tal vez esté destinado a la mujer que tuvo una vida de película. Habrá de tener más suerte y habrá de poder conciliarse con la oposición. La historia, mientras tanto, se sigue escribiendo.
Redacción de Pablo Gowezniansky para Radio Jai |
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