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12/12/2006
Los visionarios aportes de Maimónides
La mitad de la población del mundo vive en pobreza. En América Latina una de cada dos personas es pobre, y el 60% de los niños. El sabio judío Maimonides concibió hace unos 800 años, pioneras estrategias sobre cómo enfrentar el mayor desafío de nuestro tiempo. Por Bernardo Kliksberg*
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Cerca de uno de cada dos latinoamericanos está por debajo de la línea de la pobreza. En Argentina pese a mejoras recientes el 47.8% de la población es pobre, en México cerca del 50%, en Brasil hay 44 millones con hambre, en Guatemala el 49% de los niños de menos de 5 años está desnutrido, en Perú es pobre el 63%, en Ecuador similar proporción. Este es el mayor desafío que enfrenta hoy América Latina. En el mundo de hoy en su conjunto a pesar de sus excepcionales capacidades tecnológicas para producir bienes, se estima que la mitad de su población está en pobreza. Hace más de ocho siglos Moisés Ben Maimon, conocido como Maimondes sentó ideas y principios que tienen tanta profundidad y vigencia que pueden ser de gran utilidad para enfrentar la pobreza latinoamericana y global. De hecho algunos de ellos son hoy los pilares en los que se basan las políticas sociales más avanzadas existentes.

El genial sabio y filosofo de cuya desaparición se cumplen en el 2004, 800 años, está concitando reconocimientos universales en ese aniversario por sus trascendentales contribuciones a la religión, filosofía, la medicina, y otras áreas. Junto a las honras mundiales como la que prepara la UNESCO, será asimismo objeto de los mayores homenajes del pueblo judío, como uno de los más preclaros interpretes de la Biblia de todos los tiempos. El deslumbrante autor de la Guía de los Perplejos y del Mishnei Tora. El pueblo judío le construyó años atrás un monumento en donde se puede leer “no hubo nadie de Moisés a Moisés comparable a Moisés”. Sin embargo habría que añadir a los homenajes un aspecto, menos indagado, que es el de sus pioneras y adelantadas contribuciones al tema que hoy preocupa en primer grado al Continente y a todo el planeta, la pobreza y la exclusión social.

Revisemos algunos de sus aportes básicos. Maimonides coloca a la Tzedaka, el ayudar a los otros, en el tope de los preceptos positivos del judaísmo que recopiló magistralmente, en un tratado que se convirtió en la historia del pueblo en la principal fuente de referencia sobre las conductas a seguir. Señala que se debe cuidar el cumplimiento de los preceptos que tienen que ver con la ayuda:

“más que ningún otro precepto positivo, pues ellos son la señal distintiva del hombre justo, de la simiente de Abraham, nuestro padre, ya que está escrito: “lo he señalado para que ordene a sus hijos ...a hacer tezdaka” (Génesis XVIII,19)”.

Ayudar al otro, es para él, el rasgo más excelso de humanidad. Apareció con Abraham el padre del pueblo judío, y otros pueblos, al que la divinidad señaló para llevar adelante esa conducta. El perfil de Abraham en la narración bíblica siguió estrictamente este mandato. Podríamos decir con propiedad que Abraham fue el primer trabajador voluntario de la historia del genero humano. Salía al camino para recoger a los caminantes sedientos, y cansados y ofrecerles agua, alimentos y descanso en su vivienda. La Biblia narra como a edad muy avanzada realizó su circuncisión. Después inmediatamente de ella aún afectado físicamente, salió como siempre al camino a esperar e invitar a los caminantes a compartir su pan y su hogar.

Creando redes de protección social

Este rasgo central de identidad, personal y colectiva, que humaniza a cada uno, y da su personalidad histórica al pueblo judío debe llevarse a los hechos. Entonces Maimonides proclama que:

“En toda ciudad en que residen judíos, se debe designar recaudadores de beneficencia que sean hombres conocidos y dignos de fe, que todos los viernes han de circular entre el pueblo recogiendo de cada cual lo que pueda dar lo que o lo que tenga estipulado”. El mandato de Maimonides significa la creación de una de las primeras redes orgánicas de protección social de la historia. No se trata de una opción, es una obligación que debe asumir toda comunidad judía. Maimonides detalla todos los aspectos básicos, los recaudadores como describe deben ser personas de toda respetabilidad, y confianza, es decir ajenos a toda posibilidad de corrupción, su tarea debe ser semanal. Especifica incluso: “Ellos mismos han de repartir el dinero todos los viernes y entregarle a cada pobre como para alimentarse durante siete días”. La red social establecida debe garantizar a cada pobre el sustento de una semana. Coloca un nombre concreto a estas actividades, dice: “Esto es lo que se denomina Kupa (fondo)”.

Tener una Kupa es un rasgo definidor de ser realmente una comunidad judía. Es para él, algo natural que fluye de la condición judía. Destaca: “Jamás hemos visto ni oído de una comunidad judía que no tuviera su kupa de beneficencia”.

La institución de la Kupa se complementa con otra para garantizar la alimentación diaria. El Tamjuy equivalente a las ollas populares que se abrieron en muchos barrios de Buenos Aires durante la aguda crisis argentina del 2000 al 2002, y en otras ciudades latinoamericanas. Dice Maimonides al respecto: “Asimismo se debe designar recaudadores para que recojan todos los días, en cada patio, pan y alimentos -o frutos o dinero- de cualquiera que lo done para subvenir necesidades del momento. Lo recaudado se repartirá al anochecer entre los pobres dándole a cada uno como para sustentarse ese día”.

Los recaudadores deben ser muy probos. Maimonides traza su perfil con rasgos muy precisos, e ilustra con el ejemplo de Rabi Janina ben T’ radion: dice que deben ser “dignos de fe, sabios, y saber conducirse rectamente”, como este rabi “tan escrupuloso en la administración de su Kupa que una vez temiendo que los fondos de la Kupa se hubiesen mezclado con dinero suyo -lo distribuyo todo - lo ajeno y lo suyo- entre los pobres”.

En la concepción de Maimonides que se adelanta incluso a muchos programas sociales de nuestra época, no cabe poner en duda al que se ve obligado a pedir para alimentarse. Escribe terminantemente: “Si un hombre pobre viene y dice: tengo hambre, deme algo para comer, no debemos examinarlo como si podría ser un impostor, debemos alimentarlo de inmediato”.

Maimonides no admite que iniciemos un largo proceso de racionalización en muchos casos, destinado en definitiva a autojustificarnos por no dar.

Maimonides es el gran pionero del concepto de libre voluntad. Los seres humanos no están determinados de una vez, sus caracteres fijados para siempre. Pueden optar siempre, e incluso equivocarse y después volver al camino. Ese es el menaje bíblico. Totalmente aplicable también el campo de las actitudes frente a la ayuda al otro. Cada uno decide permanentemente por que camino opta. Puede ir por la senda de la mezquindad, y el costo será su deshumanización, o el camino de la solidaridad, y su condición humana crecerá. Escribe: “Nos ha sido otorgada la libre voluntad. Cada persona puede llegar a ser tan justa como Moisés o tan malvada como Jereboam (un rey judío cruel odiado por su pueblo). Nosotros decidimos si seremos educados o ignorantes, compasivos o crueles, generosos o miserables”.

Maimonides exalta a quienes no sólo dan, sino son activistas de la solidaridad, se movilizan intensamente para reclutar a otros a que den. Ellos tienen un nivel espiritual superior. Están ayudando al que recibirá, pero también al que da. Porque al integrarlo a la solidaridad, lo están convirtiendo en justo. Maimonides cita al Profeta Daniel, quien afirmó: “Los que tornan justos a muchas personas son como las estrellas” (Daniel XII, 3). Ellos a los que describe como “los que apremian y acicatean a otros para que hagan tzedaka” tienen la misma luz que las estrellas en el firmamento.

La escalera de la tzedaka

El gran sabio no se conformó con señalar la trascendencia decisiva de la tzedaka, y destacar su jerarquía espiritual, ingreso en planos más profundos. Se planteó que hay diversas maneras de ayudar al prójimo y construyó su celebre “escalera de la tzedaka”. Buena parte de la discusión sobre políticas sociales en nuestro tiempo gira en derredor de los conceptos que planteo hace ocho siglos este precursor visionario de cómo atacar la pobreza.

La escalera tiene ocho niveles. Delineó diversos criterios por los que se sube o se baja en ella. Primer criterio, la identificación con ayudar. El nivel más bajo de los ocho es el que ayuda pero “con dolor o enojo”. Lo hace presionado por el consenso social, u otra razón externa, pero no quisiera hacerlo. En el séptimo nivel se da con amabilidad pero “ menos de lo que se necesita”. Hay poca generosidad, sigue primando el egoísmo. El sexto nivel es dar “una vez que haya pedido”. No hay una actitud activa de anticiparse al otro, y asistirlo. Sólo se actúa cuando el otro lo está pidiendo. El compromiso sigue siendo limitado. En el quinto nivel ello se supera. Lo describe como “darle en mano al pobre antes de que pida”. Allí aparece la idea de un involucramiento importante con el dar, que genera esa anticipación, y los inicios de un segundo gran criterio, el anonimato en el dar. En este caso, el aportante y el pobre saben bien quien es el otro, no hay anonimato ninguno.

En el cuarto nivel de la escalera, Maimonides pone el foco en el gran problema de proteger la dignidad de los que reciben, a quien todo su pensamiento considera iguales, sin ningún demérito por ser pobres. Retrata este nivel en estos términos: "que el pobre sepa de quien recibió pero el donante no sepa a quien dio, como hacían los sabios que envolvían el dinero en un lienzo y lo arrojaba hacia atrás, y venían los pobres y lo recogían para que no pasaran vergüenza”. El donante está teniendo en cuenta la dignidad del asistido. El tercer nivel, va aún más lejos, el donante planifica cuidadosamente que el pobre no sepa de quien recibió para que su dignidad este bien a salvo. Lo describe así: “el que da de manera que el donante sepa a quien dio, pero el pobre no sepa de quien recibió, como lo hacían los grandes sabios que iban en secreto y arrojaban el dinero en las puertas de los pobres. Es conducta digna de seguirse y gran mérito”.

En el segundo nivel de la escala, el anonimato es total. Todo el tema de la estigmatización que puede significar el identificar a los pobres, la vulneración a la autoestima que ello produce, que ocupa mucho espacio en las políticas sociales actuales, es resuelto protegiendo al máximo el anonimato de todos los participantes. Siempre ilustrando con ejemplos concretos, Maimonides describe así este nivel: “es el del que da caridad a los pobres sin saber a quien ha dado y sin que el pobre sepa quien le dio -es decir una buena acción hecho por el sólo mérito de cumplirla- como ocurría con la Cámara secreta que estaba en el Templo donde los justos daban en secreto y los pobres de buena familia venían y reciban su sustento también en secreto”.

El nivel más alto de la escala introduce un criterio adicional al compromiso y el anonimato, es el de pensar no sólo en la ayuda a necesidades inmediata sino en como garantizar el futuro de la persona que requiere asistencia. Este criterio de Maimonides es hoy el gran principio orientador de los programas sociales más avanzados del Continente y del mundo, y la guía rectora de los esfuerzos de organizaciones como las agencias de la ONU, muchísimas ONGS y otras. Ellas lo llaman “sustentabilidad”, crear condiciones para que la comunidad asistida pueda autosustentarse en el futuro.

A fines del siglo XII, Maimonides anticipándose tantos siglos lo planteó así:

“El más alto y supremo de todos los niveles de la tzedaka es el del que acude en ayuda del judío necesitado, dándole un obsequio o un préstamo, o tomándolo como socio o proveyéndole de una tarea que pueda hacer hasta que se recupere y no necesite acudir más a la ayuda”. Agrega citando al texto bíblico “Lo sostendrás al forastero como al residente para que viva contigo” (Levítico XXXI, 25), es decir que lo sostiene para que no caiga y no necesite más”. La ayuda más importante de todas es la que abre una oportunidad de trabajo, a través de medios concretos. Uno de ellos el préstamo, con lo que Maimonides está abriendo camino a lo que es hoy uno de los principales canales de las iniciativas sociales más avanzadas, el microcrédito, o más allá tomándolo como socio, o dándole un trabajo. También aclara que este primer nivel de la Tzedaka no sólo debe aplicarse a los miembros del propio pueblo, los judíos necesitados, sino a todos, también al “forastero”. Está pregonando la inclusión social universal.

Maimonides es un hito en la historia de la filosofía universal, es un pionero de las ciencias medicas, fue un innovador en muchas ramas científicas de sus tiempos, es un guía espiritual decisivo en la historia judía, donde sus textos nunca fueron superados, y siguen siendo una de las fuentes más empleados y respetadas, pero a todo ello debe sumarse que en el homenaje a sus 800 años, deben incluirse sus contribuciones de excepción al más quemante de los problemas de este Continente y de nuestro mundo, la pobreza que condena a millones a sufrimientos diarios enormes. Sus ideas iluminadoras sobre la prioridad que se le debe dar, la necesidad de que la sociedad se organice frente a ella, la jerarquía espiritual superior de quienes se entregan a ayudar, la importancia de los principios de compromiso, anonimato, y sustentabilidad en las políticas sociales, tiene la más alta actualidad, y vigencia. Probablemente la mejor manera de homenajearlo sea luchar activamente por llevar adelante en la práctica estas orientaciones frente a estos niveles de pobreza intolerables. Será la única manera de mostrar como él lo planteaba que somos seres humanos justos, dignos de provenir de Abraham el de las buenas acciones permanentes.

* Asesor Especial de la ONU. Director de la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Etica y Desarrollo (BID-Gobierno de Noruega). Autor de numerosas obras, la última: “Hacia una economía con rostro humano” (Fondo de Cultura Económica). Bernardok@iadb.org



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