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18/4/2008
65° aniversario de la rebelión del Guetto de Varsovia
La complejidad del heroísmo en el Holocausto
Un grupo de soldados nazis se organiza para reprimir la rebelión en el guetto
El concepto de coraje en el Holocausto adoptó una significación especial, inasible en nuestras mentes de hoy. Los hechos y la historia profunda rebaten el mito de la marcha de "ovejas al matadero".
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Introducción

El Día del Holocausto y el Heroísmo, se conmemora bajo el signo del segundo término en el nombre doble que ha recibido este día: "heroísmo", por ser el 63° aniversario del Levantamiento del Guetto de Varsovia. Dicha rebelión es tan sólo la punta del iceberg de una amplia lista de casos de resistencia armada o física de algún tipo ocurrida durante esos años negros. En esta nota de homenaje a todos los héroes y mártires de la Shoá, mencionaremos parte de esa lista, que desmiente desde el vamos la vieja acusación de que "marcharon como ovejas al matadero". Recordaremos la historia del levantamiento más famoso, el de Varsovia, y le daremos una dimensión humana al aludir a la discusión desgarradora entre los movimientos juveniles y el Judenrat, el liderazgo judío oficial del gueto. Discutiremos por qué justamente jóvenes son los que se rebelan por las armas, para intentar comprender la complejidad del aparentemente simple acto de empuñarlas. Por último, describiremos el mayor entendimiento que impera hoy en día en los marcos que se dedican a investigar y enseñar el Holocausto acerca del concepto de heroísmo.

Muchas rebeliones

Empecemos por decir que los judíos fueron los únicos civiles que se rebelaron contra los nazis. La rebelión en Varsovia fue la más grande y famosa, y la que se convirtió en el ícono de la resistencia judía durante la Shoá. A tal punto, que se convirtió en el hito dominante en la recordación del Holocausto durante mucho tiempo, e incluso se fijó la fecha de su comienzo como la de recordación de toda la tragedia de la Shoá en su conjunto. Es más, la revuelta en Varsovia llegó a ser el símbolo para toda la humanidad de la resistencia contra la tiranía.

Pero Varsovia no fue el único gueto donde hubo rebelión. Con el comienzo de la Operación Barbarrosa el 22 de junio de 1941, la invasión nazi a la URSS, dio comienzo la matanza masiva de judíos de los territorios orientales que iban siendo conquistados. Por su mayor cercanía geográfica a los pozos de tiro como Ponar, donde decenas de miles eran aniquilados a balazos, los movimientos juveniles del gueto de Vilna fueron los primeros en internalizar el hecho de la matanza segura planeada para todos los judíos. De Vilna, pues, salió el grito que encendió la llama en numerosos guetos más: Bialistock, Cracovia, Chestojova, Tarnov, Bandin. En todos ellos se organizaron con medios casi nulos, núcleos de resistencia armada y sabotaje que se producían en el momento en que los nazis intentaban la liquidación final del gueto. No se hacían ilusiones. Su única meta era dar la última batalla contra los nazis, tener una muerte honrosa otorgándosela por extensión a todos los judíos y, en mucha menor medida, retrasar en algo el final y perturbar los planes nazis que, dada la relación de fuerzas, eran vistos como inexorables.

Más allá de los guetos, decenas de miles de judíos participaron en organizaciones de salvataje en los países de Europa occidental o salvaron a otros judíos de modo individual; se alistaron en los ejércitos aliados para combatir a Hitler en el campo de batalla regular; abandonaron los guetos o sus ciudades no afectadas por la ocupación para unirse a fuerzas partisanas en los bosques de Europa allí donde las condiciones lo permitían, siempre y cuando las organizaciones de resistencia no judías los aceptaran, lo que no siempre ocurría; crearon también organizaciones totalmente judías de partisanos. Su forma de pelear era la guerrilla: sabotear caminos, vías de tren, y otros canales de comunicación y abastecimiento; emboscar a convoyes de unidades nazis en los caminos por medio de explosiones y tiroteos rápidos con huidas inmediatas, etc. Estas tácticas dinámicas y escurridizas lograron afectar la seguridad de los soldados alemanes en una medida nada despreciable.

Formaron campos de refugiados familiares en los bosques, a veces llegando a albergar miles de almas, defendiéndolos por las armas y siendo víctimas de la persecución de enemigos diversos. Los judíos también se rebelaron en los campos de concentración, de trabajo y de exterminio. En agosto y octubre de 1943 se produjeron las revueltas en Treblinka y Sobibor, con un éxito parcial, pero de las cuales algunas decenas de judíos lograron huir. Y en Auschwitz-Birkenau, el mayor campo de exterminio, se rebelaron los prisioneros del denominado Zonderkomando (el grupo de trabajo encargado de las cámaras de gas y los hornos crematorios). En octubre de 1944 lograron destruir una cámara de gas y liquidar a algunos miembros de la SS. Todos los rebeldes fueron ejecutados públicamente en el campo, para que sirvan de "ejemplo público".

Tal como lo explica el Profesor Israel Gutman (1): "En general, no pudieron la lucha ni la resistencia salvar a las masas judías dado que el asesinato total de los judíos era una de las metas centrales de los nazis en la guerra. Los alcances de la defensa y la lucha estaban condicionados al estímulo, la asistencia el armamento y la guía externos. Tal estímulo no fue dado en ningún lugar en los países ocupados, y generalmente las fuerzas clandestinas locales no accedían a los pedidos judíos. En los días oscuros del Holocausto, el combate de los judíos era una lucha de sufrientes abandonados a su suerte".

El levantamiento en Varsovia

En Varsovia el levantamiento empezó tarde. La protagonista fue la organización Eial (siglas en hebreo de Irgún Iehudí Lojem, Organización Judía Combatiente), formada por 22 movimientos juveniles judíos, la mayoría –pero no todos, como el Bund y los comunistas- eran sionistas jalutzianos, y su líder fue el legendario Mordejai Anilevich de Hashomer Hatzair, de apenas 24 años de edad. Hubo otra organización menos aludida por la historiografía, adversaria ideológica de la anterior, Atzi (Igud Tzvaí Iehudí, Unión Militar Judía, pertenecientes al movimiento sionista revisionista Beitar), que no aceptó formar parte de Eial por no concedérsele la jefatura de la organización, pero cuyo mérito en la revuelta no fue menor. Fue sólo el 19 de abril de 1943, en pleno Pesaj, cuando todos ellos pudieron comenzar su resistencia armada a la liquidación final del gueto contando con el apoyo de la población judía general. Dicho apoyo a los jóvenes combatientes consistió en general en meterse en bunkers y refugios, dejar hacer, no molestar. Quienes tomaron las armas (quienes tuvieron armas para tomar) fueron entre 500 y 700 de Eial y otros 200 de Atzi. Al llegar, las fuerzas nazis se quedaron perplejas al recibir la bienvenida de fuego. El combate desigual fue con bombas molotov, algunas granadas, pistolas. Los nazis fueron rechazados varias veces, hasta que los altos mandos decidieron la táctica de ir incendiando los edificios del gueto uno por uno, localizando los bunkers y lanzando granadas de gases lacrimógenos para hacer salir a los judíos. La resistencia duró nada menos que cuatro semanas, hasta el 16 de mayo. De todos modos, algunos cientos de judíos pudieron seguir ocultándose en los túneles subterráneos del gueto o pasarse al lado "ario" de la ciudad.

La discusión con el Judenrat

¿Cuál es el perfil del héroe judío armado? ¿Quién es aquel que puede dejar el último rincón de seguridad y salir a una lucha sin esperanza? La discusión entre los movimientos juveniles en Varsovia y otros guetos, y los liderazgos adultos de los mismos era en parte ideológica y conceptual pero, en buena medida, generacional.

Fue fácil, luego de la guerra, y a la luz de sus resultados, juzgar retrospectivamente a todos los gobiernos judíos de los guetos (Judenrat) de colaborar con los nazis. En Israel especialmente, donde el paradigma de nuevo judío, el Sabra, un símbolo de lo opuesto a la pasividad judía de la diáspora, que cultiva la tierra y la defiende con las armas, era fácil identificarse con Mordejai Anilevich y no con aquellos que debían llenar los trenes de la muerte en cumplimiento de las órdenes de las SS.

Pero en aquel momento no se sabía el final, y los dirigentes judíos tenían un argumento de peso: la realidad les mostraba que tenían razón quienes sostenían que si el gueto producía bienes que los nazis necesitaban para su esfuerzo de guerra, ello no solamente alejaba la liquidación final del gueto, sino que la impedía de plano. En los frentes de guerra los nazis estaban en retirada, y la fecha de su rendición no era conocida: podía haber ocurrido más temprano de lo que fue, y el gueto se podía haber salvado. Los jóvenes, decían los adultos, tenían idealismo y honor, pero de hecho los estaban instando al suicidio colectivo. Y los dirigentes tenían responsabilidad por mujeres y niños y por hacer todo lo posible por una continuidad judía después de la guerra. La no revuelta, incluida la negociación estirada y permanente con los nazis, que a su vez incluía la entrega de vidas humanas para salvar al resto, dejaba abierta la esperanza de sobrevivir. La revuelta, en cambio, era la muerte segura de todos.

Dicho sea de paso, la complejidad en el rol del Judenrat está dada por el hecho de que no todos los dirigentes judíos pudieron soportar la carga de esas "negociaciones", como lo muestra el caso del suicidio del presidente del Judenrat del gueto de Varsovia, Czerniakov, que tomó cianuro cuando le llegó la orden de cargar 5.000 judíos diarios a los trenes, no ya para los trabajos forzados sino para los campos de exterminio.

Si los adultos del Judenrat tenían su razón a priori, los jóvenes de los movimientos juveniles tuvieron la razón en última instancia. Fueron los primeros en internalizar el hecho de las intenciones nazis de exterminio total, a pesar de que las noticias, a nivel cognitivo, habían llegado a ambos bandos de la discusión por igual. Los investigadores siguen debatiendo entre sí sobre cuál fue el factor que permitió que los jóvenes fueran los primeros en internalizar la certeza del exterminio. Entre ellos podemos mencionar precisamente su juventud, con su consecuente capacidad para admitir lo novedoso en el mundo y su predisposición a actuar según el nuevo viento, adaptándose al cambio.

Otros señalan que la diferencia generacional estaba dada por el tipo de régimen político en el que cada cual se ha formado y ha construido su concepción de mundo. Los adultos lo habían hecho en un mundo "normal", en el que cada ser humano tenía derechos inalienables. A pesar de las noticias que llegaban del oriente sobre exterminio, no podía ser que semejante barbarie se extendiera hasta hacernos a nosotros también víctimas. Los jóvenes, en cambio, se habían formado ya dentro del régimen autoritario, sabían que la desigualdad, la injusticia, la crueldad y la arbitrariedad eran la regla, y que ella marcaba que el régimen nazi era capaz incluso de lo increíble.

Hay otra diferencia más. Quienes estaban dispuestos a dejar todo y salir a pelear, dentro del gueto o afuera, en los bosques como partisanos, eran aquellos jóvenes sin compromisos como sostenedores económicos, es decir, solteros sin hijos. Algunos que fueron combatientes y sobrevivieron, se debatieron luego hasta el fin de sus días acerca de "la traición a la madre", a la que dejaron indefensa en el gueto al partir. Pero para aquellos que tenían esposa e hijos, tal abandono no era sentido sólo como traición, sino que se volvió imposible. Por incoherente que suene, los adultos responsables por hijos desarrollaron entonces todo tipo de mecanismos de defensa para negar emocionalmente la significación que las noticias del exterminio en oriente podían tener para sus vidas particulares. Por carecer del peso de la manutención y la protección de una familia, los jóvenes no sufrían tampoco de estos mecanismos de negación.

Así las discusiones, la revuelta en el guetto de Varsovia sólo fue posible cuando también los adultos, el Judenrat y la totalidad de la comunidad, internalizaron el hecho de la exterminación segura, lo cual ocurrió cuando la misma ya era un hecho consumado. De un total de 445.000 judíos que atestaron el gueto de Varsovia el día de su cierre, el 16 de noviembre de 1939, sólo quedaban 60.000 el día en que estalló la revuelta, tres años y medio después.

Hacia un nuevo concepto de heroísmo

Si el Levantamiento del Gueto de Varsovia fue el paradigma durante mucho tiempo de la resistencia judía en los tiempos del Holocausto, el mismo refleja hoy una realidad mucho más amplia de lo que fue tal resistencia a los nazis. Es cierto que la sociedad israelí tuvo la necesidad, en sus primeras décadas, de buscar modelos parecidos a aquel personaje al que se querían parecer. Pero con el paso de la historia y de las guerras, los israelíes han ido abandonando los mitos y comprendiendo que los judíos de Europa sí dieron respuesta heroica a cada uno de los ataques nazis y en cada una de las fases del Holocausto. Y así es como se enseña el concepto aggiornado de heroísmo, tanto en la Escuela de Estudio del Holocausto en Yad VaShem en Jerusalem, como en las escuelas formales en la última década.

Pues en la Edad Media, pogromes e Inquisición mediante, los antisemitas buscaban acabar con el alma judía, expulsando a los que no se convirtieran al cristianismo y matando a los que lo hacían sólo de la boca para afuera. Allí la resistencia judía se manifestaba por medio de la muerte "al kidush HaShem", por la santificación del Nombre, es decir de Dios. En el nazismo, en cambio, el antisemita buscaba el cuerpo de los judíos, y entonces el llamado de la hora era a sobrevivir a toda costa, como lo ejemplifica el llamado público del rabino Nisenbaum del gueto de Varsovia. No es la hora de morir "al kidush HaShem", les dijo Nisenbaum a los judíos, sino que es la hora de "kidush hajaím", de santificar la vida. El mero sobrevivir, en el Holocausto, era una forma de heroísmo.

Los nazis no se contentaban con la muerte judía sino que ésta debía estar acompañada de humillación y deshumanización. La resistencia judía, entonces, fue mantener la dignidad humana tanto como fuera posible. Aquellos que escribieron un periódico en la clandestinidad, aquellos que enseñaron en escuelas, quienes impartieron clases de hebreo y de sionismo y de Torá, quienes tocaron en orquestas, quienes actuaron en los teatros para un público hambriento de pan; los niños contrabandistas; los judíos creyentes que siguieron cumpliendo las mitzvot, los tradicionalistas que fueron a sinagogas y festejaron las festividades, el niño que hizo su Bar-Mitzvá; aquellos que se debatieron solos en dilemas morales de vida o muerte: dar comida o medicamentos a todos los hambrientos y enfermos o sólo a aquellos con más chances de vivir. Todos ellos fueron y serán nuestros héroes.

(1) Combatiente y sobreviviente del Levantamiento del Gueto de Varsovia, sobreviviente de Auschwitz y otros campos. Historiador e investigador del Holocausto, asesor científico del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto, en el artículo "La resistencia judía en el Holocausto", revista Yad Vashem Yerushalaim, N° 30, primavera de 2003.

Fuente: Departamento de Hagshamá - Organización Sionista Mundial
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